octubre 26, 2011

Al bies

Queridas caris:

¡Ya está! Por fin lo han conseguido: tod@s es@s cantamañanas que llevan más de un mes quejándose del tiempo se han salido con la suya. Claro, tanto “qué calor”, “esto no es normal”, “a ver si llueve de una vez”… Pues hoy hace un perfecto día gris, diluvia en Saint Agustin de la rivière Guadalix (es que en francés mi pueblo suena más glamouroso), y hace frío.
Total, que me levantado al bies; esto es, atravesada, malhumorada, con cara de puño de paraguas (en el argot familiar). La cosa ha ido in crescendo cuando me he percatado de varios hechos verídicos:

A.- Los cojines y colchonetas del jardín están empapados, lo que significa que
1.- Tendré que mojarme para recogerlos.
2.- Llegó la hora de lavarlos y guardar sillas, mesas, tumbonas… En fin, todas esas cosas que hacen del verano un lugar estupendo.

B.- Mi resistencia numantina al frío me ha llevado también a retrasar más de lo conveniente el “momento armario” -esa pesadilla tan femenina (francamente, no recuerdo a ningún varón que me haya hablado de esto nunca) de subirse a los altillos para bajar la ropa de invierno y subir la de verano-, lo que significa que
1.- Tendré que salir a la calle divina de la muerte (por neumonía doble) con sandalias y blusita de manga corta, aunque también puedo optar por enfundarme debajo el traje de neopreno y las aletas de bucear en los pies.
2.- Habrá que planificar ese odioso “momento armario”, que implica media jornada laboral porque incluyen, no sólo el mío, sino los de los demás habitantes de la casa, amén de los comunes (toallas, bañadores, aperos variados de verano).

A estas alturas del día (más o menos cuando me terminaba el café), ya estaba yo buscando una cabeza de turco sobre la que descargar rayos y centellas (ya sabéis, eso que la familia propia llama “carácter” y la política “mal genio insoportable”). Pero no he encontrado ninguna. Así que he barajado la posibilidad de marcharme al gimnasio para una sesión de spinning que me permitiera sudar sobre la bici tanta amargura. La he descartado enseguida: he imaginado la más que probable situación de que me tocara delante una de esas jovenzuelas de trasero redondo, pequeño, duro y sin rastro de celulitis al que tendría que mirar durante 45 minutos. Definitivamente, eso no me iba a alegrar el día.
Y luego, ha llegado EL MOMENTO SURREALISTA: me he pillado conversando (más bien, gruñendo) con portadas de libros de autoayuda. Ha sucedido más o menos así:

.- ¿Quién se ha llevado mi queso? ¡Y a mí que me importa, imbécil! Ten más cuidado con las cosas de comer.
.- El líder que no tenía cargo. ¿Y que lidera entonces este señor tan interesante, si puede saberse?
.- ¿Y para que quiero enemigas? Pues no sabes lo que te pierdes a la hora de ponerlas a parir, bonita.
.- Esto no es un libro de autoayuda: tratado de la suerte, el amor y la felicidad. Empiezas mal, muy mal…
.- Superwoman: el estrés en la mujer. Ésta ha descubierto América.
.- Tus zonas erróneas. ¡Y pensar que te compré porque leí erógenas! Si lo sé…
.- El monje que vendió su Ferrari. Muchas dudas: ¿se compró el coche antes o después de ordenarse? ¿No podía pagarse las revisiones y la gasolina? ¿Para que se lo compró entonces?
.- Estupidez emocional. Para eso me basto yo solita, sin ayuda de nadie.
.- El poder de tu mente subconsciente. No me entiendo ni la consciente, ¡como para entrar en las profundidades de la otra!

Después, me ha entrado un ataque de risa. Definitivamente, los libros de autoayuda pueden cambiarte el ánimo de la forma más insospechada.
Sigue lloviendo. Y haciendo frío. Y recuerdo que me marcho a Haití en tres semanas. Y me bies ha acabado por enderezarse en este primer día de invierno.

Hannah Malauva


La vuelta

2 Comentarios

  • 1. Henar  |  noviembre 14, 2011 at 1:52

    Jajaja es buenísimo y muy cierto. Que llueva por la noche y se hagan ellos el cambio de armario y los libros………. Tu pasalo bien em Haití , besos

  • 2. beatriz  |  noviembre 14, 2011 at 11:30

    otra vivencia personal, sobre todo la de los cojines y la de los armarios.
    Pero que serian nuestras vidas sin estas incidencias, que me hacen reirme tanto leyendote.
    Buen viaje, preparate a buenos momentos , y tambien a otros dificiles para el alma.
    Un beso.



Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
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